Podredumbre…

   A estas alturas de la vida pensaba que la corrupción en el futbol era algo que no me sorprendía en absoluto. Ni siquiera me asustaba, porque en tiempos convulsos lo corrupto campa a sus anchas allá por donde vamos. He dicho antes “pensaba”. Pero desde que soy padre todo esto ha cambiado. Desde que mi pequeño empieza a descubrir qué aficiones le tiran más, qué inquietudes empiezan a llamar a su puerta con sus tres años recién cumplidos, me sorprendo, me asusto, me escandalizo. Instinto protector, creo que lo llaman. Porque no quiero que nada ni nadie pueda resultar decepcionante para él. Y la noticia del día decepciona. Asquea.

   Han pasado la noche enchironados (gracias a la llamada operación “Oikos”, que me ha quitado hasta las ganas de comer yogur griego) algunos futbolistas y exfutbolistas por presunto amaño de partidos. En la flamante Liga Española, sí señor. Algunos inclusos amamantados en la impoluta cantera del Real Madrid. No se trata de criminalizar a toda una institución deportiva, sino de señalar a esos (como alguno los ha llamado ya en la televisión) garbanzos negros. Pero aun así… Qué tristeza, qué presagio de toda la mierda (con perdón) que está por saltar para salpicar a más de un personaje de virtud y reputación “intachables”. Y aquí es donde llega el punto que me afecta. No quisiera sentir en mi interior la decepción que muchos niños, ignorantes hasta ahora de haber elegido a ídolos equivocados, deben estar experimentando en estos momentos. Seguro que, de mayores, con un balón frente a ellos, querrían haber emulado sus acciones, haber fichado por sus equipos, incluso haber lucido sus peculiares peinados de hoy en día. Pero se han dado de bruces contra un muro de hormigón armado llamado corrupción, un mal muy extendido en estos tiempos, y que infecta a muchísimas personas. Pobres, pobres niños descubriendo con tristeza reflejada en sus tiernos ojos cómo sus héroes han resultado ser villanos de la peor clase.

   No soy ningún iluso, esto ha existido desde siempre y es difícil que llegue a desaparecer, porque otra infección que corre por las venas de muchos seres humanos es la avaricia descontrolada. Por esa avaricia pierden el norte, olvidan lo que es correcto, lo que está bien. Lo que es bueno. En este caso olvidan que son un ejemplo para muchísimos niños. Y por un puñado de billetes desdeñan esa grandeza, ese privilegio que supone influir positívamente en los sueños de los pequeños futbolistas del mañana. En casa procuramos que mi hijo vea en nosotros a buenas personas que tratan de hacer siempre lo correcto y, sobre todo, lo mejor para él. Pero no podemos controlar lo que pasa fuera, al otro lado de nuestras protectoras paredes. Y si un buen día decide que quiere ser futbolista, por ejemplo (o seguir cualquier otro camino dictado por su corazón), intentaremos que tenga como referente a los más virtuosos, a los más dignos ejemplos de deportividad. Porque mancharse por ese asqueroso puñado de billetes es otra forma de conducta antideportiva, solo que esta ademas te puede llevar tras los barrotes. Te puede terminar insuflando la más sucia podredumbre en el corazón y en el alma. CYMERA_20190529_090650

Solo maldad.

Como padre que soy, a veces entro en conocimiento, aún sin desearlo, de situaciones que me quitan el sueño. Realmente no sabía si dedicar una publicación de mi blog a mencionar este horrible asunto, el comienzo del juicio a ese monstruo inhumano que debería estar ya apartado del mundo, encerrado en la más oscura y olvidada de las celdas: Patrick Nogueira. El asesino que comentaba por WhatsApp sus crímenes en el momento de cometerlos con un amigo en Brasil. El hijo de una sucia hiena que se hacía selfies con los cadáveres. El demonio calculador que planificó y llevó a cabo la matanza, el brutal asesinato y posterior descuartizamiento de una familia, compuesta por un hombre y una mujer (sus tíos) de 40 y 39 años respectivamente, y por…sus hijos, Maria Carolina, de 3 años, y Davi, de uno. Y es esto último lo que me parte el alma, lo que me está arrebatando hasta el aire que respiro. Porque, mientras estas pobres criaturas estaban a punto de perder la vida de tan atroz manera, el monstruo enviaba a través de WhatsApp las siguientes líneas: “Qué risa, los niños no corren cuando los voy a matar, los niños se agarran cuando los voy a matar”.

A medida que voy escribiendo esto pienso. Y mis pensamientos recién nacidos hacen que la montaña rusa que es mi conciencia en estos momentos pase del abatimiento y la tristeza más profunda al odio, descarnado y sin límites. Un odio que pide justicia. Una justicia que, sea como sea, no resultará suficiente. Ni de lejos. La fiscal del caso, ante el insulto que supone para las víctimas y para sus familiares la ridícula pena que solicita la defensa, en base a que “Patrick no estaba en sus cabales”, arroja una sentencia con la que no podría estar más de acuerdo: “Para matar no hay que estar loco, hay que ser malo”. Así de simple. Así de terrible.

En este mundo hay seres que pasan por humanos gracias a su apariencia, pero distan mucho de serlo. Patrick Nogueira es uno de ellos. Si hay justicia (justicia auténtica) este depredador henchido de pura maldad, de macabra y desmesurada maldad, no debería volver a ver la luz del día en libertad. Él no. Jamás. Por una suerte de misericordia inmerecida debería pasar el resto de sus días encerrado, a pan y agua. Sin otra compañía que su pestilente naturaleza. Mientras tanto Maria Carolina y Davi se merecen un trocito de nuestro corazón y de nuestra memoria, la de todos. Sus padres también perdieron la vida en un sinsentido, y no es justo. Pero aún así vivieron lo suficiente para llevarse consigo alguna alegría, algún esbozo de luz de este mundo. Pero María Carolina y Davi…María Carolina y Davi, procuraré no olvidar vuestros nombres, pequeños. Procuraré pensar que realmente estáis en un lugar mejor, alejados de todo mal, sonriendo, jugando, viviendo, entre las estrellas, vuestra niñez robada.

Hijos de p… Con perdón.

Esta mañana dejé a mi pequeño en la guardería y, al aparcar de nuevo el coche en nuestra calle, encontré frente a mí a dos hombres de unos cincuenta años paseando por la acera. Daban la impresión de ser personas cultas, instruidas, quizá fuesen profesores, a tenor de las características carpetas y maletines que portaban, y se me pasó por la cabeza que, seguramente, no decepcionarían en ninguna conversación en la que participasen Nada más lejos de la realidad. No suelo prestar atención a las conversaciones ajenas, aunque en ocasiones no puedes evitar que parte de estas llegue a tus oídos. Y desconozco el grueso de la charla que mantenían estos dos caballeros, pero hubiera deseado no haber recibido una bofetada en el alma al procesar la siguiente afirmación, proferida por uno de ellos: “Básicamente hay que ser un hijo de puta para traer un niño a este mundo. Pero muy hijo de puta, vaya. Es el máximo exponente del egoísmo”. Así, sin anestesia.

No quisiera parecer un insensato que se cree protagonista de una película de Disney y que vive aventuras chupi calabaza. La verdad es que no me gustaría parecerlo. Pero tampoco soy un hijo de puta, señor mío. Obviando el hecho de que sin niños nuestra presencia en este puntito flotante en el universo, llamado cariñosamente Tierra, se iría al garete (no sé si eso sería bueno o malo para el planeta, aunque algunos dicen que los robots con inteligencia artificial se encargarán de sacarnos de dudas en no demasiado tiempo), lo cierto es que los niños son lo más parecido a un milagro que podemos encontrar por aquí abajo. Y la razón de que el mío esté aquí no es mostrarnos a su madre y a mí lo hijos de puta que somos, sino todo lo contrario. Los hijos son el compromiso más firme que puede adquirir un ser humano con el propósito de hacer de este un mundo mejor. Porque por ellos evolucionamos, demostrándonos a nosotros mismos cuánta capacidad de sacrificio podemos llegar a alcanzar. No hay nada que no haríamos por ellos. No hay mayor motivación para querer ser mejores personas. Son el detonante de que todos los padres, fuésemos como fuésemos en un pasado, queramos ser un ejemplo a seguir para ellos. Y eso, caballeros, con todos los respetos, no es de ser hijos de puta, la verdad. Sí que voy a ser un poco hijoputita al decirles, siempre desde mi humilde punto de vista, faltaría más, que ustedes son simplemente tontos. Lo que se ha llamado toda la vida tontos del culo. Ojo, desde mi humilde punto de vista, repito. Tontos del culo por llamarnos egoístas a los que daríamos hasta el último aliento de vida por nuestros hijos. Tontos del culo por, presumiblemente, considerar a sus alumnos nietos de puta, extrapolando el status de sus padres, según ustedes, en vez de ver en ellos la arcilla con la que moldear futuros exponentes de una sociedad mejor. Y tontos del culo porque si, por un casual, fueran ustedes padres aparte de librepensadores modélicos, bueno…no creo que necesite explicárselo…aparte de tontos del culo serían ustedes hijos de puta, y eso ya es mucha tela que cortar.

No quiero extenderme mucho más con un tema que, más que enfado, lo que me ha provocado es pena. Una pena tremenda por quien pueda tener esa opinión de alguien que decide ser padre. Porque con ese parecer jamás experimentará la dicha de contemplar con sus propios ojos a su hijo por primera vez y sentir que su vida ha cambiado, para siempre, a mejor. A muchísimo mejor. Porque no se sentirá crecer por dentro, notando una fuerza inédita en su corazón, a la vez que descubre cosas de sí mismo que ni siquiera intuía. Porque jamás entenderá la dimensión de la sonrisa de un niño feliz, y que gran parte de esa felicidad es responsabilidad de los padres en primera instancia. Una hermosísima responsabilidad hasta que él tenga la capacidad de luchar por su propia felicidad. Eso es la vida, estimados tontos del culo. Pero disculpen mi atrevimiento al exponer sus vergüenzas, después de todo soy solo un maleducado y un hijo de puta, ¿no?….

Ejemplos

He dejado esto un poco desatendido últimamente. Como una habitación que ha cogido polvo por la falta de uso. Y no ha sido por carecer de ganas. Cientos de pensamientos me cruzaban por la cabeza, algunos de ellos dignos de ser compartidos (o dignos de ser estudiados clínicamente…no todos los días nos dejamos regir por la cordura). Pero he preferido invertir el tiempo en mi peque, toda una explosión de energía a sus dos años ya cumplidos. Juegos, paseos, primeros pinitos educativos en su guardería y, también, primeros apuntes deportivos. La verdad es que tiene una derecha prodigiosa golpeando la pelota (o a mí en su defecto). Hemos hablado mucho, tanto en familia como con amigos, acerca de lo conveniente y saludable que sería que, llegada cierta edad, convirtiese la práctica de algún deporte en un hábito. Independientemente de que a su madre le haría una tremenda ilusión que se inclinara por el karate, o de que a mí mismo me enloquecería verlo botando un balón y entrando a canasta, cualquiera que fuese la disciplina deportiva elegida por él contaría con nuestra aprobación más absoluta. Llegados a este punto es donde he apreciado que el fútbol, aun siendo tan pequeño, empieza a llamar su atención, y tengo claro que mi cuñado, exfutbolista del Xerez Club Deportivo que logró ascender a segunda división A por primera vez en su historia, sería un magnífico ejemplo a seguir. Pero (y aquí es donde me voy a poner un poco ofensivo…incluso bordeando lo incorrecto, si me lo permitís) ¿sabéis quién no me parece un ejemplo a seguir por ningún pequeño que quiera ser futbolista? (ni aquí ni en ningún planeta con supuesta vida inteligente). Sin rodeos: Diego Armando Maradona.

Maradona no es solo un juguete roto, un ídolo caído, o cualquier otro calificativo similar que se le quiera aplicar. Maradona es una vergüenza que camina sobre dos patas (hace tiempo que dejó de hacerlo sobre las piernas que podrían haberle granjeado gloria eterna, y quedó relegado a la categoría de cuadrúpedo que, milagrosamente, se sostiene en pie sobre pezuñas deformadas por una vida corrupta y excesiva). Maradona es un ejemplo, sí. Un perfecto ejemplo de lo que no hay que ser en esta vida si llegas a saborear las mieles del éxito deportivo y te conviertes en ídolo de masas. Quizá su pequeña estatura (diminuta, microscópica si nos referimos a la talla de su cerebro) y su poco peso corporal (años ha…hoy en día ha incrementado su tamaño alrededor de toda la circunferencia de su perímetro) resultaron un lastre insuficiente para evitar que se elevara en el cielo y se convirtiera en un diosecillo lenguaraz, soez, engreído, maleducado hasta más no poder y cegado por su visión de montes nevados…nieve, millones de toneladas de nieve para empobrecer y achicar más aún su cerebro. Maradona se dejó seducir por lo fácil, por lo accesible para una persona que termina rodeada de termitas que se afanan en corroer sus venas con el único objetivo de desangrarlas y de obtener pesetas primero, luego liras, dólares, euros, pesos y cualquier tipo de unidad de moneda que el patético ídolo caído presumiera de llevar en el bolsillo. Pero lo peor de todo, lo que me parece execrable, bochornoso y ridículo es el respaldo de todo un país. Más aún. De un señor país con la grandeza de Argentina. Que allí le mantengan esa categoría de astro, de ídolo eterno, de Dios de dioses….una vergüenza. Si su nacionalidad fuera diferente, alemana o sueca, por ejemplo, pudiera ser que no se le rindiera la misma pleitesia adulterada de la que se cree legítimo acreedor. Quizá hubiera desaparecido del mapa mediático hace mucho, muchísimo tiempo. Sus últimos numeritos en los palcos del mundial de Rusia no se hubieran producido. Sus vergüenzas no hubieran quedado expuestas al mundo. Pero ha sucedido,acumulando en su haber merecidas carcajadas por su ridícula actuación como embajador de la Fifa. Y también lágrimas de pena con sabor gaucho por la imagen absolutamente deplorable del gran ídolo caído. Maradona es el antiejemplo. Punto.

Un ídolo del deporte que pretende mantenerse en el podio de los más grandes de la historia es ejemplar dentro y fuera del campo. Más esto último teniendo en cuenta su tremenda repercusión social. Argentina debe despertar, abrir los ojos y asumir que su verdadero dios, merecedor de admiración eterna y un maravilloso ejemplo a seguir es Leo Messi. No el Pelusa. Ese no. Jamás. No es nada personal, Diego, de verdad, es que escucho historias de Barack Obama compartiendo risas, bocatas y partidos en la tele de la cocina de la Casa Blanca, en total complicidad con su servicio secreto y luego te veo a ti, con dos gorilas a los lados tres veces más grandes que tú y…y tú mirándoles y abroncándoles como si fueras el mismísimo Xerxes, cubriendo tu panza del oro que te ofrecen de rodillas tus compatriotas y….y se me revuelven los bajos, macho, para qué te voy a mentir…..

Afortunadamente, en este mundo que todos compartimos, haciéndolo girar, vibrante y majestuoso de vida, existen numerosos y notables ejemplos de deportistas que pueden perfectamente convertirse en las luces que guíen futuras e incipientes carreras y que iluminen el camino de buenas personas. El mismo Messi, Cristiano Ronaldo, Iker Casillas, Buffon, Raúl González, o quizá Pau Gasol, Magic Johnson, Rafa Nadal, lejos del fútbol estos últimos. Niki Lauda, ejemplo de superación. Bruce Lee, ejemplo de tesón, de esfuerzo y de capacidad para influenciar positivamente a las personas, para hacer que crean en sí mismas, en sus posibilidades ilimitadas si aman lo que hacen, si ponen pasión, corazón y alma al servicio de un objetivo mayor. Ejemplos. Lo que podemos ofrecer a nuestros pequeños para que sus metas, en la vida y en el deporte, sean alcanzadas con grandeza, pero también con humildad y con un corazón que late al son de los demás. Por los demás y para los demás. Ejemplos. Toma nota de la foto, Diego. Toma nota. Por tu bien.

Pedos micromachistas

No quisiera extenderme demasiado, especialmente por lo escatológico del tema, pero quería hacer mención al hecho, innegable por otra parte, de que se nos está yendo de las manos la problemática de los “micromachismos”. Hay una nueva…llamémosla “corriente de pensamiento” feminista, de la que surgen afirmaciones y denuncias, cuanto menos, susceptibles de estudio. Uno de los puntos que se han debatido recientemente es el siguiente: los hombres se tiran pedos aplicando más fuerza que las mujeres en un claro gesto intimidante, opresor y discriminatorio. El macho trata mediante esta deleznable práctica de asustar a la hembra. De imponer su despiadado acoso, salvaje y primitivo. Ahí lo llevas, chato.

Yo puedo comprender perfectamente que, en pleno siglo XXI, la lucha por la igualdad y por desterrar de una vez las prácticas machistas y vejatorias para con las mujeres es una obligación de todos, sin duda. Pero con lo que no puedo entrar al trapo es con llevar las cosas a un extremo que roza, con perdón, la gilipollez. Vamos a tratar de poner un poco de sensatez en todo esto: ¿de verdad alguien pretende hacerme creer que un hombre se prepara sobre el sofá, apretando hasta ponerse colorado, para tirarse un pedo que, literalmente, acojone a su mujer y la someta a sus deseos?. Yo creo que, para empezar, lo que provocará a su señora es un asco tremendo, seguido de una clara intención por parte de ella de abandonar la estancia, y así librarse de la nube fétida resultante. No, ese no sería un hombre machista, ese impresentable simplemente sería un guarro y un maleducado. Partiendo de la base de que casi todos, afortunadamente, hemos sido más o menos educados por nuestros padres, yo no podría saltarme a la torera esa educación. Si tengo la necesidad de aliviarme en ese sentido acudo al cuarto de baño más próximo y punto. Porque no soy de armarla en público y muchísimo menos delante de mi mujer. Creo que es algo que se sobreentiende desde esa educación y sentido común, vamos. Así que convertir los pedos en un arma de opresión machista me parece, con perdón de nuevo, una gilipollez. Por otra parte, si entramos en el terreno de la igualdad, ruego se me disculpe lo escrupuloso, pero si tengo a mi lado a una señorita que se suelta, después de un considerable esfuerzo, una bufa cargada de sustancia como para quitarle la pintura a un buque de guerra, pues ni muy reivindicativa feminista ni muy femenina me va a parecer, más bien una puerquecilla, igual que pensaría de un hombre por muy encorbatado que se plantara. ¿En serio?. ¿Pedos?. Por favor…

Yo adoro a Shrek, paso unos ratos entrañables y maravillosos frente a la pantalla, entre carcajadas y ternura. Y espero que, cuando mi peque comprenda un poco mejor los argumentos y las imágenes, disfrute de la misma forma las películas en mi compañía. Incluso comparto, por una cuestión de salud, lógicamente, la misma premisa del protagonista respecto a los eructos y las ventosidades, ese “mejor fuera que dentro” que predica a veces. Pero es una película de animación, una fantasía que pretende arrancar sonrisas utilizando, entre otros, ese recurso cómico. Mejor fuera que dentro en un cuarto de baño o en solitario, en otro entorno, siempre que no se moleste a mujeres ni a hombres. Muchas, muchísimas mujeres han luchado durante siglos para que sus derechos y libertades sean una brillante realidad. Frivolizar esa lucha convirtiendo pedos en armas machistas no sólo es ridículo, es insultarlas, a ellas y a esa lucha. Por muy de reivindicación feminista se quiera maquillar. Sentido común y, sobre todo, buenos modales y educación, por favor, y Shrek y Fiona que nos sigan haciendo reír con sus pedos en la pantalla. Con un cristal de considerable grosor entre ellos y nosotros.

Hablando de futbol

Admitámoslo. Vivimos tiempos convulsos en los que los gilipollas (palabra muy española a la par que elocuente) pelean por subir peldaños y serlo más aún. Quieren ser “top”. El “todo vale” y la sobreactuada libertad de expresión producen frutos cada vez más ridículos. Conversaciones que traen consigo conclusiones tan bochornosas en sí mismas que dan una idea, muy a las claras, de lo rematadamente aburridas que están algunas personas. Me remitiré a los hechos:

Tuve que llevar a mi pequeño al centro de salud para que lo atendiera su pediatra. Mientras matábamos el tiempo en la sala de espera, entre juegos y bromas, reparé en que un señor de avanzada edad soportaba estoicamente el charloteo de un individuo sentado a su lado. Este último era catalán, a juzgar por su acento cerrado, y desconozco cuáles fueron los argumentos que esgrimió a lo largo de un parloteo que, deduje, se había alargado demasiado a oídos del anciano para, de repente, soltarle a la cara y sin tapujo alguno que la Real Federación Española de Fútbol “debía realizar un ejercicio de coherencia y renunciar a las copas de Europa de los años 2008 y 2012, así como al mundial de 2010, en favor de la selección catalana, porque no me negará que el grueso de la selección española lo conformaban nuestros futbolistas”. Toma del frasco, Carrasco. El pobre señor mayor no pudo abrir más los ojos ni apretar la mandíbula con más energía. Supuse que hizo acopio de toda la paciencia de la que disponía para girar la cabeza y preguntar a una joven sentada frente a él si la enfermera que recogía las muestras de orina había entrado en la consulta sin que se hubiese dado cuenta. El mendrugo catalán seguía mirándolo, como esperando una réplica por su parte, y el buen señor se puso en pie, agarró su bastón y comenzó a pasear arriba y abajo con impaciencia mientras, de soslayo, lanzaba miradas furibundas al pobre diablo que había pretendido amenizarle la espera de tan esperpéntica forma. Entre tanto yo seguí jugando con mi hijo y provocando su sonrisa, haciendo como si no me hubiese enterado de nada, mientras en mis adentros crecía y se hacía cada vez más sonora la palabra “gilipollas”.

Primero: Dios me libre de intentar desproveer a nadie de su libre albedrío ni de su libertad para pensar, creer u opinar como le salga del flautín, pero hay pobres almas descarriadas que desconocen su condición de P.A.D.C.Q.N.T.N.P.I.D.L.Q.H. (Pobres almas de cántaro que no tienen ni puta idea de lo que hablan… os ruego disculpéis el uso excesivo que hago del castellano y de sus herramientas, pero es que amo mi lengua, aunque muchas personas estén cometiendo el error, aun estando en su derecho, de denostarla cada vez más). (Gilipollas) Segundo: en la construcción del Empire State Building, en Nueva York, participaron gran número de inmigrantes e indios nativos del país y, sin embargo, dicho edificio es uno de los grandes símbolos de los Estados Unidos. Cuando la selección española ganó tan prestigiosos títulos estaba integrada por jugadores de varias autonomías distintas y, sin embargo (a pesar de los actuales devenires independentistas), el logro común fue considerado historia de España. ¿Les decimos a los dueños del Empire State Building que lo desmonten y lo repartan ladrillo a ladrillo entre quienes lo levantaron, fueran norteamericanos o no? (Gilipollas). Tercero: si bien no soy un gran aficionado, tengo entendido que el caldo primordial del deporte rey es el gol: Final de la Copa de Europa 2008: 1 gol de Torres (madrileño). Final del Mundial 2010: 1 gol de Iniesta (albaceteño). Final de la Copa de Europa 2012: 1 gol de David Silva (grancanario), 1 gol de Torres, 1 gol de Juan Mata (burgalés) y 1 gol de Jordi Alba (barcelonés). Nada más que añadir. (Gilipollas).

Mal andamos si pretendemos dotar a un territorio con ansias de independencia de una profundidad histórica de la que carece. Andamos aún peor si queremos lograr dicha independencia sembrando el malestar, utilizando malas artes anticonstitucionales y malgastando el dinero de los contribuyentes, en su mayoría no catalanes. Pero intentar apropiarse de logros deportivos de un país, que además sirvieron para unir a sus integrantes y fortalecer el amor a su bandera, y atribuírselos a otro que ni siquiera existe es…de gilipollas.

Pelos

Quisiera compartir aquí dos historias. Más bien son dos breves apuntes de la vida en sí mismos. Vivencias de unos críos, una llena de tristeza, de odio y horror, mientras que la otra, por el contrario, es una caricia, un momento dulce que experimento cada día y por el cual doy gracias. Dos muestras de que en este mundo conviven la oscuridad y la luz como dos realidades paralelas, y que somos nosotros, y solo nosotros, sin ningún tipo de intervención divina o cósmica, los que decidimos a cuál de esas dos realidades aferrarnos. Cuál de ellas nos define como seres humanos.

1. En una población argentina llamada Bahía Blanca alguien graba con una cámara algo que me destroza el alma. Una madre aparece en la imagen rondando a su hija pequeña, amenazando con matarla si no le da la tablet. Una mísera tablet. Un pequeño aparato compuesto por plástico y material electrónico que sirve de excusa para que una mujer, que se atreve a llamarse a si misma madre, dé rienda suelta al demonio que lleva dentro y torture a la niña levantándola por los pelos, muy por encima de su cabeza para, acto seguido, arrojarla al suelo y propinarle una terrible patada. Que el video ha servido para que a esa monstruosa mujer le hayan quitado a sus hijos no me sirve de consuelo. Pienso en las enorme cantidad de terminaciones nerviosas del cuero cabelludo, en el insoportable dolor padecido por aquella criatura, infligido por su propia madre, en el espanto y la confusión que debió sentir al ver a la persona que, supuestamente, más debía quererla en el mundo, arremeter contra ella de esa forma cruel. También pienso en los datos acerca de una población en la que cada año se producen 3.200 episodios de violencia contra los niños. Pienso en que, al parecer, esa madre de 23 años, que lo es desde los 17, creció en un entorno violento por culpa de su padre. Pero también pienso que no me importan esos datos sobre la población y lo que puedan influir, ni sobre el deshecho humano de padre. Porque creo firmemente en la capacidad de cada individuo de aspirar a ser mejor. Mejor que sus predecesores. Mejor que un vecindario que lleve la violencia por bandera. Mejor que sí mismo cada nuevo día. No hay excusas. Esa malnacida ha perdido a sus hijos y ojalá esos pobres pequeños tengan una nueva oportunidad para sentir el calor del amor que su madre no quiso dar.

2. En la otra punta del mundo, ya de noche, mi pequeño Martín está sentado entre su madre y yo, bien abrigado entre ambos. Ha estado batallando de lo lindo a lo largo del día y, aunque su cabeza de año y ocho meses le pide más juegos y diversión, su cuerpo tiene límites. Se acerca la hora de ir a dormir y tiene la costumbre de recostar su cabeza en uno de nuestros hombros, según se encuentre situado en el amplio sofá, mientras su manita va buscando la melena de su madre, para ensortijar sus dedos entre el pelo y acariciarlo, él siente cómo su respiración se va calmando y se va hundiendo más y más entre los cojines y las mantas. Entre tanto yo acaricio con cuidado su pelo y juego muy delicadamente con la forma de su flequillo, haciendo dibujos con la yema de los dedos, porque sé que a él le gusta y hacer esto le ayuda también a conciliar el sueño. Finalmente cae en brazos de Morfeo y nos disponemos a llevarlo a la cama, aunque en ocasiones lo hacemos sin que llegue a soltar la coleta de su madre, aferrado a ella como si de un mástil salvador en medio de una tormenta se tratara. Aquí las terminaciones nerviosas del cuero cabelludo son receptoras de otra cosa. De amor incondicional transmitido en forma de caricias, de mimos cuidadosos y de ternura. Rozando los dulces sueños de un niño con la punta de los dedos, velando para que no se le escapen.

Y así, a miles de kilómetros de distancia, dos criaturas inocentes viven realidades distintas, y yo me pregunto por qué. Ojalá llegue el día en que esa pequeña niña argentina maltratada por la vida encuentre la paz y el cariño entre unos brazos protectores, cuyas manos acaricien su pelo hasta que llegue el dulce y buen sueño que merece cada día para llegar a ser una gran mujer. Una mujer mejor. Pero ahora le toca ser niña aún y tenemos la responsabilidad, para con ella y para con todos los niños del mundo, de hacer de este planeta un lugar digno de ellos. Se lo debemos.

La Liga de la Injusticia

He llegado a la conclusión de que, aun cuando mi mayor deseo es que mi hijo viva de acuerdo a sus propias convicciones y que esto se refleje en la profesión que elija en un futuro, no me gustaría que decidiera ser abogado, fiscal, juez o cualquier otra variante de lo que se podría calificar como un “servidor de la ley”. Porque sueño con que se convierta en un hombre justo y, en un país donde la justicia brilla por su ausencia, sufriría un desencanto tras otro. Sin duda.

Hay dos términos o conceptos legales que me han provocado un monumental quebradero de cabeza (o dicho en lengua vernácula, que me han inflado los cojones, y mucho). El primero es el “error de prohibición”. Parece ser que los abogados defensores de “La Manada”, estos cinco malnacidos que abusaron sexualmente de una joven indefensa en San Fermín, sopesan utilizar en su proceder durante el juicio la posibilidad de alegar que sus defendidos actuaron creyendo que su conducta era “lícita”, bien porque ignoraban que estuviese prohibido lo que hicieron, o bien porque pensaron que estaban autorizados a ello. En resumidas cuentas, que la chica no les habría dejado clara su negativa a mantener relaciones sexuales y que ellos no habrían sabido interpretar su actitud como un “no”. Por supuesto tenemos también a un juez que muestra reticencias a la hora de evaluar los daños psicológicos sufridos por la víctima ya que ella, llegado el momento de la violación en grupo, no opuso resistencia aparentemente (no cabe la posibilidad de que entrara en un estado en el que, viéndose atacada por cinco bestias sin escrúpulos, quedara sumida en un terrible shock y que sólo desease que todo acabara lo antes posible, no, claro que no…), y además ha interactuado con posterioridad en redes sociales, ha salido de fiesta…que no se ha muerto, vamos. Que un grupo de asquerosos salvajes preferiría ver a una mujer a la que han agredido sexualmente con su vida truncada y encerrada en un apartamento con miedo a volver a pisar la calle lo tengo claro. Para ellos, para sus mentes depravadas, sería otro triunfo, la guinda del pastel. Pero que un juez se aproxime a esa misma idea y dude del terrible tormento sufrido por la víctima (nada de presunta, señor juez, víctima con todas las letras) por el hecho de que ella haya apretado los dientes y decidiera continuar con su vida…no sé, es para pensárselo dos veces. No tenemos ni idea de cuántas lágrimas se vierten en el interior de una persona que ha sufrido esto e intenta, sin embargo, aparentar normalidad. No podemos ni tan siquiera imaginar el sacrificio de encerrar tanto dolor en el pecho bajo llave por el solo hecho de no hacer sufrir también a familiares y amigos. Señor juez, señor juez, por favor…

El otro concepto legal que me ha revuelto los bajos es el “atenuante”. Leo escandalizado un titular que reza lo siguiente: “Un juez no aprecia violencia en el abuso sexual a una niña de 5 años <<porque no opuso resistencia>>”. Esa “falta de apreciación”, para empezar, ya es más que condenable. Más adelante continúa subiendo el tono de mi cabreo cuando me percato de que la sentencia afirma que una niña de 5, 6, 7 o más años no va voluntariamente a una casa donde su morador la pega, la agrede, la coacciona o la intimida. Todo esto viene a cuento porque un hijo de la gran puta que debería estar bajo tierra empezó a abusar de una vecina cuando solo tenía 5 años y lo siguió haciendo hasta que la pequeña cumplió 10. La cosa es que el monstruo cumplirá una condena “reducida” porque los magistrados consideran que los abusos no se produjeron con violencia, que la niña ni oponía resistencia física, ni protestaba, ni lloraba, ni tan siquiera gritaba, siendo habitual que volviera a casa del acusado donde éste le hacía regalos diversos para contentarla. El tratamiento de este caso ha sido degradar la calificación de “agresión sexual” que solicitaba la acusación a tan solo “abuso sexual”. Y si todo esto no fuera suficiente, la Sala detecta contradicciones en la declaración de la pequeña, que afirmaba que, cuando el acusado le hacía lo que le hacía, pensaba que era un juego, pero que en algunas ocasiones trató de zafarse y de quitarse al acusado de encima. Señores….¿cómo se autodenominan? ¿Magistrados?…Señores magistrados que descartan la agresión sexual, el solo hecho de que metiera a una niña de cinco años en su casa para llevar a cabo sus asquerosas intenciones ya es una agresión de por sí. Una agresión contra el derecho de esa pequeña a ser eso, una niña. Una agresión contra toda moral, contra toda lógica, contra todo lo que se puede llamar humano. ¿Cómo tienen la desvergüenza de justificar algo así con el “atenuante” de que no hubo violencia física? ¿Qué hijo de mala madre justificaría eso? ¿Acaso una niña de esa edad, confundida y engatusada con regalos, es consciente en algún momento de todas las aberraciones a las que la sometieron? ¿Acaso esa niña, cuando alcance una edad en la que sea plenamente consciente de su sexualidad y de su condición de mujer, pasará página sin más?. Repugnante. Repugnante hasta doler. Abominable y terriblemente triste el que sucedan estas cosa en un tribunal de “justicia”…

Quizá llegue un día en el que la señora de la foto deje caer de su mano izquierda esa balanza fallida de hipocresía, esa gran mentira de la “justicia ciega”, y opte por utilizar con más asiduidad la espada que sujeta con la derecha. Yo, como padre, quisiera que así fuese. ¿Que cómo puedo decir semejante barbaridad?. No podría ni siquiera mirarme al espejo si un día una “manada” se cruzase en el camino de una buena amiga, o de alguien más cercano, le hiciese lo mismo que a esa pobre víctima inocente y no deseara que, con perdón de la expresión, les cortaran ambas cabezas a todos sus integrantes. Primero la de ese colgajo nauseabundo de “machotes”, para que se vieran desprovistos de su falsa virilidad de la manera más dolorosa posible. Y luego… luego… quizá deba refrenar mi impulso violento. Con verse sin nada entre las piernas que “ofrecer” ya tendrían bastante en los cuartos de baño de la prisión. En cuanto al agresor sexual de la pequeña de cinco años (agresor sexual, señor juez, nada de abusador, agresor sexual), sigo sin perder la fe en que, en una penitenciaría, recibiría lo suyo por parte de los reclusos. Los reclusos suelen odiar a muerte a ese tipo de sucios depredadores. Los reclusos podrían aplicar la verdadera justicia que se merece. La que los que tienen en su mano el poder para hacerla prevalecer rehusan hacerlo, entonces esconden el mazo y se escudan con “atenuantes”….malditos vosotros y maldita vuestra Liga de la Injusticia….  3d13fdec9c0606f820d47aa44a1e2259-1038x576

Mi querido Rafael

Dame un poco de tiempo, no es fácil escribir estas líneas encontrando las palabras adecuadas para ello, las que te hagan justicia. Dame también algo de margen para que los sentidos asimilen que ya no estás, físicamente, claro, porque los seres humanos traemos de serie un resorte que produce dolor y angustia, que hace que derramemos lágrimas. El proceso que se desarrolla en mi interior está marchando de la siguiente forma: los ojos que te observaban cuando dabas tus paseos aferrado a tu sempiterno bastón, los labios que besaban tus mejillas cuando íbamos a visitarte y los oídos que escuchaban tus sabias palabras lamentan tu muerte, mientras que mi corazón y mi alma piden a gritos celebrar tu vida.

Puede que suene a tópico el decir, a tus seres queridos y a mí mismo que, en realidad, no te has ido y que estarás siempre con nosotros, pero realmente es así. Literalmente, Rafael. Hay individuos que pasan por este mundo dejando una huella dolorosa en el camino, provocando sufrimientos y penurias a todos los que les salen al paso. Dicha huella es perecedera, inútil, y termina borrada por la lluvia y el viento del olvido. Pero cuando las personas acarician el espíritu con una bondad innata, cálida, candorosa, cuando dedican su vida entera a querer a todos y cada uno de los suyos, a sacrificarse por ellos y a verter sangre, sudor y lágrimas con tal de protegerlos de todo mal, entonces dichas personas se convierten en la luz de guía de sus familiares y amigos, fundiéndose para siempre con la mejor parte de sus corazones. Ese eres tú, Rafael. No hay un adiós asignado a ti. No puede haberlo cuando vives en nosotros de esa manera. Un suegro ejemplar, un buen amigo, un segundo padre. Eso eres y serás siempre para mí.

Almaceno recuerdos de una tal hermosura asociados a ti que merecerían estar impresos en un libro de oro. Momentos en los que he vislumbrado cómos dabas, con humildad, gratitud y cariño, un enorme valor al grano de arena que se te regalaba (por ejemplo esos pequeños grandes detalles que suelen obsequiar los Reyes Magos a las personas mayores en Nueva Jarilla), cuando muchos miserables que campan a sus anchas por la tierra despreciaban montañas enteras. Detalles como tu sonrisa (pocas he encontrado a lo largo de mi vida tan dulces y sinceras), la cual ofrecías siempre que tenías ocasión, a la par que compartías con nosotros tu enorme corazón y nos dabas lecciones sobre la vida y el buen hacer en ella, detallando tus recuerdos de juventud, tus experiencias y anécdotas roteñas, tu manera de ver el mundo de antes y el de ahora. Mostrando lo que significa tener una fuerza de voluntad a prueba de bombas hasta el final. Pero me quedo, por encima de todas tus muchas virtudes, con la magia de haber sabido crear, junto a tu esposa, una familia tan increíblemente hermosa y unida. Faltan calificativos para poder describirla correctamente, la construísteis dando todo lo que llevábais dentro. Y esa magia de la que hablo tiene un nombre: amor. Puro e incondicional amor.

Quiero decirte, aunque ya lo sabes, que me siento muy afortunado por haber tenido el enorme privilegio de coincidir contigo en esta vida, Rafael. Por haber tenido la enorme suerte de encontrarte y de haber conocido a una persona tan, tan extraordinaria. Pero no me despido de ti. Sería absurdo hacerlo, ¿no te parece? Además, no se le puede decir adiós a alguien que no se va y se queda en tu corazón y en tu alma para hacerlos mejores. Ayer ni siquiera fue un día como otros anteriores que he vivido, en los cuales el momento del velatorio coincidía, curiosamente, con unos cielos nublados y tristes. Tu eres tan especial que decidiste obsequiarnos con un precioso día soleado y lleno de luz. Igual que tu mirada y tu mismísima alma. Y cuando dicho día llegó al ocaso, mientras observaba la puesta de sol en compañía de una de tus sobrinas a las afueras del tanatorio, tuve un momento un poco tonto (ya sabes, momentos tontos de debilidad humana) en el que temí que, quizá, cuando el astro rey se ocultara completamente tras el horizonte, te marcharías. Pero los últimos rayos se apagaron y no. Ahí estabas, a nuestro lado, como lo seguirás estando siempre. Te quiero, Rafael.

P.D. Gracias por haberme dado a mi familia a partir de la tuya. Tu nieto pequeño sabrá de nuestros labios lo maravilloso que era su abuelo y la paciencia con la que esperaba a que el muy tunante le devolviera los bastones que solía quitarle para jugar con apenas unos meses. Cuando sea un hombre te recordará y sonreirá por ti, puedes estar seguro.

Malnacidos

A ver si lo he entendido bien: me tropiezo con una noticia que aparece publicada por uno de los medios que operan en internet, cuyo titular reza que piquetes separatistas cortan una carretera con cinco bebés en el suelo junto a un cartel de los `Jordis`. Literalmente. Dicho titular viene acompañado por una foto de las cinco criaturas, con la cara previamente difuminada, sentados sobre el asfalto detrás del cartel. Parece ser que ninguno de ellos supera los tres años de edad. Desgraciadamente sí, lo he entendido bien. Pero ni mi corazón ni mi cabeza asimilan lo leído. Tan solo siento una profunda repugnancia, secundada por una rabia que crece y crece sin cesar. No es solo que el proces se les haya ido de las manos. Es que han perdido totalmente la cabeza.

En este blog procuro dejar claro que ser padre es mucho más que una elección. Es un privilegio, un gran regalo de la vida que, desgraciadamente, muchos no saben (o no quieren) valorar. Dicho esto me pregunto si esas cinco criaturas inocentes son húerfanas. Porque de no serlo no lo comprendo. No comprendo que unos padres puedan poner a sus pequeños en medio de semejante situación. No comprendo cómo se llega al extremo de utilizar a un niño como barrera, escudo, recurso, arma mediática o como quieran llamarlo. Yo no veo por ninguna parte una reivindicación, ni una actuación normal de un piquete informativo. Solo veo lo que unos cerebros podridos con mierda en vez de neuronas son capaces de parir en pos de su cruzada secesionista. Aquí ya no estamos hablando de independencia, de ideales de libertad ni de presos “políticos”. Aquí de lo que estamos hablando es de un crimen cometido contra la infancia. Crimen. Criminales. Puedo mejorarlo: cerdos criminales sin escrúpulos. Porque el más mínimo escrúpulo alejaría a esos pobres niños del peligro de que un conductor borracho, por ejemplo, tenga la idea descabellada de pasarles por encima para desmontar el piquete. O de que, dada su corta edad, cojan un enfriamiento, se dañen las manos con el asfalto o, simplemente, se vean privados de su derecho a estar sanos y salvos en una guardería, o en sus casas, o en brazos de unos padres amantes y protectores. Porque los padres de estos pequeños, si es que existen, no tienen vergüenza alguna. Son unos malnacidos. Ellos y cualquier desgraciado que haya propiciado dicha inhumana situación.

E inmersos de lleno en una corriente de, como dicen ahora, “buenismo”, me temo que este acto descabezado y atroz va a quedar sin castigo. Esos pobres niños seguirán siendo objeto de adoctrinamientos absurdos, seguirán sirviendo en contra de su voluntad a una causa que, repito, se les ha ido de las manos. En contra de su voluntad porque un niño de menos de tres años solo quiere jugar, sentirse querido, sentirse protegido. Un niño de menos de tres años solo quiere ser niño, no un instrumento político cuando ni siquiera comprende qué es eso. Un niño de menos de tres años no ve maldad en ningún adulto, bendito sea. Un niño de menos de tres años. Esto es abominable. Qué fragilidad la del ser humano, qué falible su naturaleza, qué miserable y ridícula si olvida por el camino que su deber, su prioridad por encima de cualquier otra consideración es proteger a los niños, a aquellos que aseguren el futuro. Todo lo que no vaya en esa corriente es un error capital. Y a esos malnacidos que han decidido dar la espalda a ese deber para con sus pequeños les deseo, con la mano en el corazón, que un día se las vean con un juez implacable (humano o divino) al que no le tiemble el pulso a la hora de aplicar los pertinentes castigos ejemplares que se merecen a pulso. Mientras tanto, maldita sea, muchos niños se van a ver expuestos a servir a tanta estupidez. A tanta maldad. Malnacidos. Pobres, pobres pequeños…tumblr_nkcxnrWWRu1unos2eo1_500